Muchas veces decimos que las personas nos dañan y nos hacen sentir fatales, pero ¿quién te puede dañar más que vos mismo? La gente puede herirte físicamente, bajarte el autoestima, romperte el corazón (en el peor de los casos) pero, somos nosotros mismos quienes dejamos que esto ocurra ¿o no?
Cada uno puede ser su peor enemigo; puede ser esa fuerza que le impida seguir adelante, puede ser el viento en contra, puede ser el que cree embrollos en la cabeza, puede ser el que castigue, puede ser el que baje el autoestima, hasta puede ser el que lastime sin piedad.
Creo que a veces no somos conscientes de esto, de que nuestro propio dolor nosotros lo generamos y sólo nosotros somos capaces de frenarlo; tampoco tenemos en cuenta las consecuencias que conllevan todas estas situaciones.
¿Cómo frenarlo, no? Difícil; hasta la persona más fuerte quedaría diminuta ante esto.
A veces, hay que tocar fondo. Después de mucho tiempo me cansé de lastimarme tanto emocionalmente como físicamente; pude entender del monstruo que cree, de lo que me convertí, de la persona que por no querer superar situaciones se auto-lastima, se hiere porque se siente aliviada ¿y después? llora sin consuelo por haber hecho lo que hizo. Supongo que escribirlo acá es una forma de frenarme, de dejar de hacerlo porque va a terminar mal y sé que no tengo límites porque cada día que pasa es peor.
Quiero llevar una de la más lindas etapas de la vida (según dicen) adelante y hoy le pongo fin a lo que se daba.