Algo que aprendí a odiar es el tiempo y su forma increíble de pasarse volando. El tiempo hace que todo cambie, para bien o para mal, nada se mantiene estable; el tiempo avanza y las relaciones cambian, la forma de pensar y de ver el mundo.
A cuántos de nosotros se nos pasó por la mente más de una vez querer frenar las agujas y que todo se mantenga en equilibrio, estar en paz. Sin embargo, no se puede, hay que dejar de imaginar y aceptar las cosas como son porque es parte de la vida misma.
Sigo sin entender, cómo pudo cambiar tanto mi vida en tres meses, siento que todas las personas que eran importantes para mi se esfumaron, que de a poco me voy quedando sin nadie, que tengo que caretear por miedo a la soledad. Solía ver esto como un futuro lejano y algo que no tenía probabilidades de ocurrir porque yo tenía amigas o quizás sigo teniendo, y dos de ellas eran de fierro. El tiempo avanzó, las cosas cambiaron, nuevas amistades, otras relaciones las cambiaron mientras yo me mantengo en la misma posición.
Cómo desearía volver un año atrás, nunca me sentí tan querida, tan protegida, tan sostenida por todas ellas; hoy me siento con miedo de perderlo todo, sola pero acompañada a la vez, con ganas de irme lejos y empezar todo de nuevo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario