Un día nublado, el otro llueve, luego caen piedras, sigue nublado
y después de una larga espera vuelve a salir el sol. Así también, como el
clima, transcurría mi estado de ánimo. Eran días de luz y de sombra, no siempre
estaba bien aunque hacía todo lo posible.
En los días soleados donde la luz llenaba cada parte de mi alma, me encontraba feliz sin razón alguna, todo me salía bien y la suerte estaba de mi lado. Pero cuando el cielo se apagaba y todo se tornaba gris me convertía en una persona triste, desilusionada de la vida. Así era la mayor parte del tiempo; me encontraba atrapada en un laberinto que parecía no tener salida, deseaba encontrarle solución a ese capítulo y empezar uno nuevo, poder despertar de ese maldito sueño para volver a ser yo. Así eran todos mis días y sé que muchos se preguntaban por qué estaba así si tenía salud, amigos. Es verdad, lo tenía todo excepto el amor de él, ese amor que ella me prohibía. Me sentía desdichada, cargando la cruz que una amiga había puesto sobre mis hombros ¿Desde cuando amar se había convertido en un pecado? Mi mayor dolor nacía de no poder aceptar el fin de nuestra historia, de repetirme día tras día el "te espero" de aquella tarde. Nunca más pude decirle cuánto lo quería, ni que su presencia era la razón de mi sonrisa ¿Y ahora? Ahora es peor, una regla que siempre quise romper aunque estuviera todo mi mundo en contra, me impide recuperar la felicidad perdida .¿Cómo cambiar si no hay ganas de cambiar? ¿Cómo armar el propio destino con la desdicha del amor perdido?
Fueron tiempos difíciles, tengo que admitirlo. Empecé a bajar mis notas en el colegio, me alejé de mis amigos, contestaba mal a mis padres y dormía todo el día hasta que por fin toque fondo, mi vida no soportaba ni un sólo minuto más de dolor. Me propuse comenzar de cero, me caía, me volvía a levantar, nuevamente tropezaba y la tormenta me atrapaba en el mar mis propias lágrimas, sin embargo salí adelante más firme, dispuesta a buscar la felicidad que tanto anhelaba. Jamás había dejado de pensar en él, ni un segundo dejé de amarlo, pero ya estaba todo decidido , lo nuestro era imposible.
Los días comenzaron a transcurrir de una manera poco habitual, no terminaba uno que ya empezaba el siguiente, tenía muchas tareas, obligaciones, responsabilidades, lo que me ayudó a despejar mi mente, pero en tanto me relajaba su recuerdo volvía a atormentarme. Esta vez, a diferencia de las anteriores, sentía que había recuperado las riendas de mi vida y me creía feliz con lo poco que tenía. Me aferraba a diferentes cosas para mantenerme en pie porque después de todo, el tiempo no cura ninguna herida si uno no esta dispuesto a sanar.
Hoy que lo quiero en silencio en esta sucesión de días sin luz, sigo esperándolo. Mantengo la esperanza de que algún día nos vamos a encontrar en algunas de esas vueltas enroscadas de la vida. Voy a esperarte dijo la tarde de nuestra despedida . Hoy retomo el camino que me conduce a él.
En los días soleados donde la luz llenaba cada parte de mi alma, me encontraba feliz sin razón alguna, todo me salía bien y la suerte estaba de mi lado. Pero cuando el cielo se apagaba y todo se tornaba gris me convertía en una persona triste, desilusionada de la vida. Así era la mayor parte del tiempo; me encontraba atrapada en un laberinto que parecía no tener salida, deseaba encontrarle solución a ese capítulo y empezar uno nuevo, poder despertar de ese maldito sueño para volver a ser yo. Así eran todos mis días y sé que muchos se preguntaban por qué estaba así si tenía salud, amigos. Es verdad, lo tenía todo excepto el amor de él, ese amor que ella me prohibía. Me sentía desdichada, cargando la cruz que una amiga había puesto sobre mis hombros ¿Desde cuando amar se había convertido en un pecado? Mi mayor dolor nacía de no poder aceptar el fin de nuestra historia, de repetirme día tras día el "te espero" de aquella tarde. Nunca más pude decirle cuánto lo quería, ni que su presencia era la razón de mi sonrisa ¿Y ahora? Ahora es peor, una regla que siempre quise romper aunque estuviera todo mi mundo en contra, me impide recuperar la felicidad perdida .¿Cómo cambiar si no hay ganas de cambiar? ¿Cómo armar el propio destino con la desdicha del amor perdido?
Fueron tiempos difíciles, tengo que admitirlo. Empecé a bajar mis notas en el colegio, me alejé de mis amigos, contestaba mal a mis padres y dormía todo el día hasta que por fin toque fondo, mi vida no soportaba ni un sólo minuto más de dolor. Me propuse comenzar de cero, me caía, me volvía a levantar, nuevamente tropezaba y la tormenta me atrapaba en el mar mis propias lágrimas, sin embargo salí adelante más firme, dispuesta a buscar la felicidad que tanto anhelaba. Jamás había dejado de pensar en él, ni un segundo dejé de amarlo, pero ya estaba todo decidido , lo nuestro era imposible.
Los días comenzaron a transcurrir de una manera poco habitual, no terminaba uno que ya empezaba el siguiente, tenía muchas tareas, obligaciones, responsabilidades, lo que me ayudó a despejar mi mente, pero en tanto me relajaba su recuerdo volvía a atormentarme. Esta vez, a diferencia de las anteriores, sentía que había recuperado las riendas de mi vida y me creía feliz con lo poco que tenía. Me aferraba a diferentes cosas para mantenerme en pie porque después de todo, el tiempo no cura ninguna herida si uno no esta dispuesto a sanar.
Hoy que lo quiero en silencio en esta sucesión de días sin luz, sigo esperándolo. Mantengo la esperanza de que algún día nos vamos a encontrar en algunas de esas vueltas enroscadas de la vida. Voy a esperarte dijo la tarde de nuestra despedida . Hoy retomo el camino que me conduce a él.
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